3º Catequesis Sobre El Sacramento De La Confesión (3 De 5)

LA CONTRICIÓN
Principio de conversión

Cuando nos acercamos al sacramento de la confesión, es necesario recordar el fin de este sacramento, que se resume en regresar a la comunión con Dios y con los hermanos, ya habiendo reconocido el propio pecado. La disposición con la que nos acercamos a recibir este sacramento es determinante en el aprovechamiento que saquemos de él.

Al conocer a profundidad a Dios y descubrir que es tan bueno con nosotros, que nos provee y bendice a cada momento, es inevitable que sintamos en nuestro interior pena por haberlo ofendido. Ese dolor de haber ofendido a Dios junto con la detestación del pecado cometido y el propósito de no volver a pecar constituye la parte más importante del sacramento de la penitencia. No es necesario, ni siempre será posible que el dolor de contrición se manifieste con sentimientos sensibles de dolor –lágrimas, angustia, etc.-, es un acto de la voluntad que no procede del sentimiento sino de la razón, iluminada por la gracia.

La contrición necesaria para el perdón de los pecados debe ser:
INTERNA: Porque procede de la inteligencia y de la voluntad libre de quien se confiesa y nunca fingida exteriormente.
SOBRENATURAL: Porque hemos dejado que Dios nos mueva al arrepentimiento, por el simple hecho de su amor y misericordia.
UNIVERSAL: Porque un verdadero arrepentimiento se extiende a todos los pecados graves cometidos, no podemos llegar al confesionario arrepentidos de unos pecados y no de otros.

Es necesario para hacer eficaz nuestra disposición ante el sacramento, que seamos sinceros y expresemos tanto interior como exteriormente nuestro arrepentimiento de los pecados que hemos cometido. El sacramento de la confesión no es de ninguna manera un requisito para acceder a otros sacramentos, por ejemplo la comunión y el matrimonio, y mucho menos debe ser el fruto de una costumbre o un “tener-que-hacer”.

Es importante decir que si no estamos verdaderamente arrepentidos y no sentimos una auténtica contrición interna, no debemos acercarnos a confesarnos, no porque Dios no quiera perdonarnos, sino porque no estamos dispuestos interior ni exteriormente, cuando eso suceda. La confesión de los pecados sin arrepentimiento es tan absurdo como ir al médico sin la intención de querernos curar.

Si no experimentamos contrición que se traduzca en un verdadero arrepentimiento de nuestros pecados, es necesario iluminar la conciencia con una oración sincera, hecha con fe y amor a Dios, pidiéndole el don de un arrepentimiento auténtico. Hacer nuestro examen de conciencia sinceramente, también nos ayuda a ser conscientes de las ofensas cometidas a Dios y esto automáticamente nos dispone a una contrición más perfecta.

Cuando nos acercamos con sinceridad a Dios en la oración, sucede como cuando nos acercamos a una luz encendida; lo que está oculto se descubre y al conocerlo más profundamente a Él, podemos llegar, por su gracia a conocernos más perfectamente a nosotros mismos, nos damos cuenta de nuestros límites, defectos, fortalezas y virtudes.

Cuando descubrimos cada quién a nuestro ritmo, el gran amor que Dios nos tiene, y lo invitamos a convivir más estrechamente con nosotros, estaremos más a resguardo de ofenderlo con nuestras desobediencias, porque el amor que se suscita en nosotros por el conocimiento más profundo de Dios, nos impide el ofenderlo deliberadamente y si acaso lo llegamos a hacer, sentiremos contrición de haberlo hecho y esto nos ayudará a volver lo más pronto posible a su presencia para pedirle perdón y beneficiarnos de su infinita misericordia.

Es un círculo virtuoso, que nos ayuda a irle entregando nuestro corazón a Dios cada vez con mayor generosidad y confianza. Estaremos entonces encarrilados en un camino de conversión cada vez más firme. Dios conoce perfectamente nuestro corazón y nuestro arrepentimiento, a él no lo podremos engañar nunca. El conoce perfectamente a cada uno de sus hijos y nos anima a madurar interiormente, a ser amigos suyos, y a que estando bien dispuestos gocemos de su amor y santificadora presencia.

RECOMENDACIONES PARA LA CONFESIÓN (continuación..)

La confesión NO ES una oportunidad ocasional…
• Para hacerle al sacerdote algunas consultas, con el pretexto de Confesarse.
• Para recibir autorización y así acceder a la comunión o al retiro de fin de semana.
• Para desahogarnos quitándonos el ‘stress’ con el sacerdote.
• Para buscar justificación de nuestras obras malas acusando a los demás de portarse mal con nosotros.
• Para confesarnos por la simple razón de que seremos padrinos de alguien más.
• Para obtener de Dios un beneficio como: éxito en los exámenes, un relajado viaje, éxito en la vida, salud, dinero, empleo, protección, etc.
• Para liberarnos de las “malas vibras” que “fluyen” en el ambiente y me afectan.
• Para cumplir un requisito y que el padre me firme la planilla.
• Para tranquilizar mi conciencia, librándome de un sentimiento de culpa.
• Para cumplir una ley de la Iglesia, incómoda para mi.
• Para mostrarme agresivo(a) reclamando un derecho o servicio que se me debe otorgar.

Recuerda…
• Ser cortés y no meterte en la fila para confesarse, bajo ningún pretexto. Querer sacar ventaja no habla bien de una disposición interior para recibir el perdón de Dios.
• No guardarle lugar a algún familiar… cada quién debe mostrar disposición ocupando desde el principio su lugar en la fila para confesarse.
• Ser breve y conciso en tu confesión, recuerda que hay otras personas esperando.
• Hacer tu examen de conciencia ANTES de venir a confesarte. Y aprovechar el tiempo mientras esperas tu turno en la fila, para repasar los pecados que confesarás.
• Disponerte conscientemente para tu confesión y no sólo porque se presentó la ocasión.
• No obligar a nadie a confesarse con el pretexto de que nosotros también nos confesaremos.