Demos gracias a Dios por los abundantes dones que nos concede.

editorial

Por: PBRO. ELIEZER ISRAEL SANDOVAL ESPINOZA, Director Editorial de Pastoral Siglo XXI

Agosto es siempre un mes importante para nuestra Arquidiócesis. Ya que desde hace muchos años es el mes en el que se celebran las ordenaciones diaconales y presbiterales en nuestra Iglesia Diocesana. Y por la misma razón es el mes en donde la gran mayoría de los sacerdotes que se formaron en el Seminario de Monterrey, celebran su aniversario sacerdotal. Esta fiesta diocesana en la que se reciben y se agradecen los dones de gracia que Dios prodiga en nuestra comunidad, se celebra siempre entorno a María Santísima.

Desde los años en los que Mons. Adolfo Suárez Rivera, primer cardenal de la Iglesia de Monterrey, era nuestro Arzobispo, las ordenaciones sacerdotales en agosto se celebran alrededor del día 15 del mes, Solemnidad de la Asunción de la Virgen María.

Es María Santísima a quien confiamos a nuestros sacerdotes, porque ella siendo la madre del único y verdadero Sumo Sacerdote y Buen Pastor, cuida maternalmente de todos los que han entregado sus vidas a la vocación sacerdotal. Es ella quien de manera especial nos invita siempre a celebrar con fe y devoción la Sagrada Eucaristía, porque bien sabe que es para nuestro bien y que en este Santo Banquete es Cristo quien por manos del sacerdote se hace presente de manera misteriosa y verdadera para alimentarnos y salvarnos.

Es de particular interés recordar que las ordenaciones sacerdotales y diaconales en nuestra Arquidiócesis se celebran en dos de nuestras tres Basílicas dedicadas a la Virgen María; las ordenaciones diaconales en la Basílica de Nuestra Señora del Roble, patrona de la Arquidiócesis de Monterrey, y las ordenaciones presbiterales en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, en la colonia Independencia.

Así, de la mano de Nuestra Madre Santísima la Virgen María, nuestro caminar como comunidad de fe, como Iglesia particular, se renueva, he inicia cada año una nueva etapa. En fin, agosto es un mes para celebrar y elevar una acción de gracias porque Dios no deja de bendecir esta Iglesia regiomontana con nuevos dones para su crecimiento y maduración cristiana.

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